Mau, ¿Y tú por qué solo Air Max?

Aunque no lo crean, hace 15 años en la Ciudad de México traer el último par de Michael Jordan o un par con un costo mayor a los $1,400-$1,600 pesos era un asunto de vida o muerte.

Nadie podía verte en la calle con un par de ese tipo porque de inmediato corrías el riesgo de sufrir un asalto y regresar a casa descalzo. ¿Increíble? No, para nada, era algo cotidiano en ese entonces y más porque no había tiendas o boutiques como las hay ahora. Antes era Tepito, Plaza Meave, Santa Martha, Bazar de Coapa y Bazar de Zaragoza.

Antes no éramos sneakerheads, amábamos los tenis, los deportes y nos empezábamos a formar una identidad a partir de lo que calzábamos.

Siempre compre tenis, la mayoría de Basquetbol, tenía cuatro o cinco pares por año y no importaba la marca, importaba que me gustaran. Recuerdo que el último par que me compre de basquet fue un “Air Zoom Turbina” en color rojo del cual fui despojado cuando tenía 15 años después de que dos tipos me agarraron a patadas para quitármelos.

La decepción fue grande, nunca había sentido tanto coraje y tristeza a la vez. Así que decidí nunca más perder un par de tenis a manos de la delincuencia y comencé a comprar tenis Diesel, Pepe Jeans, Lacoste, entre otros. Eran pares tan básicos e intrascendentes que pasaba desapercibido en la calle, hasta que me encontré con un Air Max 1 en un outlet.

 

El diseño me pareció increíble, los colores me cautivaron, la cápsula de aire los hacía cómodos ¡Eran NIKE! Y no llamaban la atención. Así que no solo compre uno, sino dos. Un Air Max 1 “Safari” púrpura y un Air Max Light (’89) OG, que en ese entonces ni siquiera sabía qué significaba “OG”.

Su costo menor a los mil pesos, los cientos de colores que habían y los diseños me motivaron a comprar más. En dos años logre juntar 25 pares y me sentía realizado, los Air Max se volvieron parte de mi vida, no había otra cosa que disfrutara más que ponerme un par de tenis diario que combinara con la playera que usara ese día.

En el 2012 conocí Soul en Puebla, recuerdo que le dije a Luis “es que yo colecciono Air Max” mientras me decía que a ellos les llegaban todo el tiempo y el par que tenían en ese momento era el Infrared Hyperfuse (que por muchos meses fue mi obsesión). Después vino Sneaker Fever en el Museo del juguete en Febrero de 2013, ahí conocí a Román y a Javi, a los que también les dije que coleccionaba Air Max, obvio los dos pusieron cara de “¿Qué pedo con este wey? Nadie colecciona eso”, mientras Javi se quitaba su Air Max 90 Láser Blue EM ¡Sample! para presumírmelo.

Así fue como comenzó mi historia. Quise retomarla por el post anterior que subió Román indicando que la diversidad no es para todos, no lo discuto, respeto y admiro su visión y más porque antes usaba de todas las marcas, pero creo que hay cosas que nos marcan y definen lo que hoy somos. Lo dije en el documental de “Masters of Air”; como tenis, sueño tenis, vivo tenis y aunque solo disfrute los Air Max, ver tantas opciones que tenemos hoy en las tiendas y con las marcas me emociona, estamos creciendo.

Últimamente me he arriesgado a comprar siluetas diferentes, incluso probé el “City Sock”, pero saben, no van con mi personalidad, no me siento yo sin mis Air Max, es lo que me da identidad en la calle, así que por muchos años más seguiré comprando Air Max y probaré otras siluetas, otras marcas, otros colores aunque sea para saber que se siente tenerlos ahí en las cajas.

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